miércoles, 26 de agosto de 2015

"TRATADO SOBRE EL CABELLO" Por Rolando Kattán


 todas las cosas grandes

inician con una idea en una cabeza despeinada

como pudo –por decirlo así- crear Dios el universo con una cabeza engomada

¿qué habría hecho Noé adentro del arca con una  cabeza de mayordomo

o Jesucristo en el monte si sus cabellos no se hubiesen entrelazado con el viento?



Heráclito salió del río tan despeinado como Arquímedes de la bañera

y a Sócrates y a Platón les crecía sobre su calvicie una cabellera desorbitada

es sabido que Homero murió arrancándose los pelos de desesperación

y que Cervantes Quevedo y Góngora se peinaban

como Shakespeare solamente el bigote



Juana de Arco ardió más fuerte en la hoguera por su aguerrida cabellera

y en la antigüedad

los primeros hombres en sembrar el café y el maíz

los chamanes y los sacerdotes

los que tallaron en las lejanas piedras los primeros poemas

todos son parte de los anónimos despeinados de siempre



después

a Newton lo despeinó una manzana

a Tomás Alba Edison la electricidad le puso los pelos de punta

Bach disimulaba su melena con una peluca

y Leonardo Da Vinci se despeinaba también las barbas



todos los ángeles del cielo las hespérides las musas

las sirenas y las mujeres que saben volar

todos y todas tienen extensas cabelleras destrenzadas



en la historia reciente    

Albert Einstein fue el más despeinado del siglo XX

y Adolfo Hitler por supuesto

el de los cabellos más ordenados


pero las cosas grandes también son cosas sencillas

como aquellos que llegan a casa apresurados por despeinarse

o los niños cuando aprenden del amor despeinando a sus madres

es obvio que los sueños nacen en la cabezas dormidas

porque siempre están despeinadas



y los amantes que sobre todas las cosas se despeinan

cuando se besan y se aman

por eso les digo:

hay que desconfiar de un amor que no te despeina


Rolando Kattán
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