lunes, 7 de noviembre de 2016

"Mujer fenomenal" - Maya Angelou

Las mujeres hermosas se preguntan dónde radica mi secreto.
No soy linda o nacida para vestir una talla de modelo,
Pero cuando empiezo a decírcelos todas creen que miento
Y digo,
Está en el largo de mis brazos,
En el espacio de mis caderas,
En la cadencia de mi andar,
En la curva de mis labios.
Soy una mujer,
Fenomenalmente.
Mujer fenomenal,
Esa soy yo.

Ingreso a cualquier lugar tan tranquila como es posible,
Y en cuanto al hombre,
Los tipos se ponen de pie o caen de rodillas.
Luego revolotean a mi alrededor,
Una colmena de abejas melíferas.
Y digo,
Es el fuego de mis ojos,
Y el brillo de mis dientes,
El movimiento de mi cadera,
Y la alegría de mis pies.
Soy una mujer,
Fenomenalmente.
Mujer fenomenal,
Esa soy yo.

Incluso los hombres se preguntan qué ven en mí.
Se esfuerzan pero no pueden rozar
Mi misterio interior.
Cuando intento mostrárselos
Dicen que no logran verlo
Y digo,
Está en la curvatura de mi espalda,
El sol de mi sonrisa,
El porte de mis pechos,
La gracia de mi estilo.
Soy una mujer
Fenomenalmente.
Mujer fenomenal,
Esa soy yo.

Ahora comprendes
Por qué mi cabeza no se inclina.
No grito ni ando a los saltos
No tengo que hablar muy alto.
Cuando me veas pasar
Deberías sentirte orgullosa.
Y digo,
Está en el sonido de mis talones,
Las ondas de mi cabello,
La palma de mi mano,
La necesidad de mi cariño,
Por que soy una mujer.
Fenomenalmente.
Mujer fenomenal,
Esa soy yo.

lunes, 7 de septiembre de 2015

"Hazme el amor" Por Zayuri Valencia

—Házmelo, te dije al oído.

—¡Házmelo!, te repetí con mis senos sobre tu pecho, mis manos acariciando tu cara y mis muslos trenzados a los tuyos.

—¡Házmelo ahora!, dije por tercera vez con mi mano acariciando tu sexo. Lo dije con franqueza, con el deseo taladrándome el alma y mis dedos sintiendo esa piel suave y tibia de tu erección. Bebí entonces el deseo de tu boca, devoré tus besos, tu aliento, tus ganas.

—Quiero que me cojas apasionadamente, con fuerza. Quiero sentir que te pertenezco, te exigí entre jadeos, mordiéndote la oreja.

—Bésame, te rogué, imagina que es el último. Que no me volverás a tener en tu vida. Cógeme como si fuera la última oportunidad, tu repechaje, tu “no me olvides”, te pedí clavando mis uñas en tu pecho.

Te me quedaste mirando, como no entendiendo nada. Siempre he sido apasionada, pero la urgencia con la que te estaba pidiendo las cosas, las palabras que usaba, podían delatar al mismo tiempo que era mucha mi calentura o que algo más inspiraba esas advertencias fatalistas.

—Anda: juguemos a que mañana es el Apocalipsis y ésta es la que quieres llevarte de recuerdo, rematé traviesa, antes de plantarte un beso que me impidió seguir hablando y a ti discutir nada.

Desde que decidí terminar contigo no he podido hacerlo. Prefiero postergarlo. Francamente estoy disfrutando demasiado tu compañía, tu amor, tu tiempo.

—Cógeme, dije nuevamente. Y así lo hiciste, una y otra vez.

Te hundiste entre mis piernas empapadas y me diste un beso suave, metiendo tu lengua en mi boca, jugando con la mía, lamiendo mis dientes, apretándome el labio, cortando mi aliento.

Me hiciste el amor despacio, me dejaste sentir tus manos poco a poco, recorrer mi piel, acariciar mi cuerpo codicioso por tenerte y sentirte, deseoso de que fueras parte de mí, que me invadieras, que me profanaras, que me declararas tuya, y me secuestraras en tus brazos negándote a la posibilidad de que exista una última vez. Qué me atraparas allí, en tus besos, en tus brazos, en tu mirada, en tu corazón. En tu candor, que te hace no saber el laberinto en el que estás metido.

Me hiciste el amor con ternura, besándome despacio, llenando poco a poco de sensaciones cada molécula de mi cuerpo, llenaste mis labios de ti, mi piel, mi cabello, mis articulaciones, mis curvas, mis bordes, mis senos, mi ombligo. Nada me pertenecía, tú controlabas todo en mi cuerpo, era tuya, un territorio ocupado, un cuerpo vencido, tu esclava, tu propiedad, ¿a dónde podía ir? ¿Cómo podía decidir que sería la última vez, si te pertenecía? No me estabas cogiendo, me habías colonizado.

Me hiciste el amor con paciencia, cocinando a fuego lento el plato de mis emociones. Encendiendo y apagándome incendios diminutos en zonas específicas y controladas. Besabas y mimabas un rato por un lado y cuando el placer era superior, interrumpías y comenzabas a encender el fuego en otro lado, dejando las cenizas humeantes del primero exigiendo más y la madera ardiente del segundo sin desear que te movieras. Me regalaste tantos orgasmos que mi cuerpo comenzó a perderse y mi mente a divagar.

Me hiciste el amor generosamente, alimentando mi egoísmo, como si fuera sólo mi goce el que importara, como si en verdad creyeras que un Apocalipsis se acercara y quisieras regalarme esa última experiencia, o como si supieras que tomándome así no habría manera de que aceptara que algo tan maravilloso terminara, que no volviera a vivirlo, a coger contigo, a experimentar el goce de tus dedos, tu presencia dominante, masculina, perfecta. Y entonces me penetraste. Lo hiciste despacio. No para evitar lastimarme, sabías que estaba tan lubricada que habría entrado sin resistencia. Lo hiciste despacio para alargar mi agonía, porque sabías que lo deseaba, que no podía resistir un segundo más sin sentir tu miembro erecto moverse dentro de mí, hacerme el amor, matarme lentamente, acuchillando mis entrañas, sentir tu peso ahogarme y cobijarme, tu amor hacerme tuya, perderme, pertenecerte. Construir esos orgasmos dichosos, monumentales, perfectos.

Me hiciste el amor por muchas horas y lo hiciste espléndidamente. Yo también, porque lo hice pensando que sería la última vez, que antes de la próxima tendría que hablar contigo y decirte, que lo nuestro no puede ser, sin saber bien a bien el porque. De todos modos, no quiero que ésta sea la última, tal vez pueda esperar. Tal vez mañana o pasado, pero si vuelve a suceder, si de nuevo estamos solos y amándonos, quisiera volver a vivirlo como si no hubiera mañana. Disfrutar la vida así te obliga a hacer que valga la pena.

- Zayuri Valencia

miércoles, 26 de agosto de 2015

"TRATADO SOBRE EL CABELLO" Por Rolando Kattán


 todas las cosas grandes

inician con una idea en una cabeza despeinada

como pudo –por decirlo así- crear Dios el universo con una cabeza engomada

¿qué habría hecho Noé adentro del arca con una  cabeza de mayordomo

o Jesucristo en el monte si sus cabellos no se hubiesen entrelazado con el viento?



Heráclito salió del río tan despeinado como Arquímedes de la bañera

y a Sócrates y a Platón les crecía sobre su calvicie una cabellera desorbitada

es sabido que Homero murió arrancándose los pelos de desesperación

y que Cervantes Quevedo y Góngora se peinaban

como Shakespeare solamente el bigote



Juana de Arco ardió más fuerte en la hoguera por su aguerrida cabellera

y en la antigüedad

los primeros hombres en sembrar el café y el maíz

los chamanes y los sacerdotes

los que tallaron en las lejanas piedras los primeros poemas

todos son parte de los anónimos despeinados de siempre



después

a Newton lo despeinó una manzana

a Tomás Alba Edison la electricidad le puso los pelos de punta

Bach disimulaba su melena con una peluca

y Leonardo Da Vinci se despeinaba también las barbas



todos los ángeles del cielo las hespérides las musas

las sirenas y las mujeres que saben volar

todos y todas tienen extensas cabelleras destrenzadas



en la historia reciente    

Albert Einstein fue el más despeinado del siglo XX

y Adolfo Hitler por supuesto

el de los cabellos más ordenados


pero las cosas grandes también son cosas sencillas

como aquellos que llegan a casa apresurados por despeinarse

o los niños cuando aprenden del amor despeinando a sus madres

es obvio que los sueños nacen en la cabezas dormidas

porque siempre están despeinadas



y los amantes que sobre todas las cosas se despeinan

cuando se besan y se aman

por eso les digo:

hay que desconfiar de un amor que no te despeina


Rolando Kattán
En twitter.

viernes, 24 de julio de 2015

Ella - Benjamín Griss

“Ella es una de esas chicas
que si se fuese en piyama
a la oportunidad de su vida,
sonreiría y se la darían
sin pensarlo dos veces.
Es la que lleva la mirada cuesta abajo
y su bandera a tres metros sobre el cielo.
Y su lema lo lleva oculto bajo la falda
y lleva tatuado parte de su verso favorito:
“And I swear that I don’t have a gun”.

Es una de esas chicas que revolucionan
cada continente que pisan,
cada tristeza en risas,
y son risas las que saca con el sonido de la suya.
La que se fuma un cigarrillo a mitad de la noche
y deja ver toda la mierda que carga encima,
todo lo que le pesa en los hombros,
las espinas que le sangran la cabeza.

No muestra su espalda,
porque está llena de puñales;
ni su corazón,
porque está lleno de balazos.

Es la chica que abraza a distancia,
que hace añicos los imposibles,
que rompe cada rutina por el simple hecho
de sentir la libertad entre sus manos,

la que lo destruye todo para volverlo a armar,
la que te provoca suspiros y la que también te quita el oxígeno.
La que estremece a Galicia cuando visita a sus abuelos,
la que hace soñar a Roma con una ciudad sin ruinas,
la que le prende fuego a Atocha.

La que te puede poner los ojos rojos de tanto reír al estar,
pero también los ojos hinchados de tanto llorar
al momento de su partida.

Se resiste a dejar sus clases de francés,
aunque nunca quiera ir a Francia.
Se rehúsa a mudarse fuera de su habitación
porque no sabe cuál es su lugar ni adónde ir.

Es la chica que folla con Guns N’ Roses tocando de fondo
y el invierno le parece demasiado triste,
por eso siempre tiene a su gato al lado,
él es quien la ha visto en sus peores infiernos
quemarse,
hacerse cenizas
y resucitar en una canción.

Es de las que por fuera aparentan ser cuerdas,
pero que por dentro gritan como locas.
Colecciona balazos en el baúl de recuerdos,
pero siempre es una boca la que termina matándola”.

Benjamín Griss

lunes, 6 de abril de 2015

Poema.

Esta noche,
serás mi palabra llana,
serás mi aire,
mi agua y mi fuego,
serás el morbo
que caliente mis ganas,
cuando no nos quede nada.
Serás mi delirio
de una noche sin Luna,
serás cada lunar de mi espalda
formando el mapa
que te lleve a mi cuerpo.

Serás mi palabra esdrújula,
mi éxtasis,
mi clavícula.
Mi mayor pecado
sin despertador que lo interrumpa.
Soñaré toda noche
bajo las sábanas de tu pelo,
bailaremos al son de una canción
que nadie, jamás, podrá tocar.

Esta noche,
quiero que seas mi libro preferido,
el que abandoné en aquella Feria
como símbolo del mayor crimen pasional
que jamás he cometido.
El dolor que nos provocamos
debería estar castigado
con la peor condena,
una en la que ni tu ni yo
pudiésemos volver a tocar el cielo.

Pero esta noche,
 no habrá distinción
entre el cielo y el infierno,
quédate conmigo
y te lo demuestro.

(J.A.C.)

martes, 24 de febrero de 2015

"Yo no quiero ser recuerdo" por Elvira Sastre.

A la mierda
el conformismo:
                            yo no quiero
                                      ser recuerdo.
                                      Quiero ser tu amor imposible,
                                      tu dolor no correspondido, 
                                      tu musa más puta,
                                      el nombre que escribas en todas las camas
                                      que no sean la mía,
                                      quien maldigas en tus insomnios
                                      quien ames con esa rabia que solo da el odio.


Yo no quiero
que me digas que mueres por mí,
                            quiero hacerte vivir de amor,
                                      sobre todo cuando llores,
                                      que es cuando más viva eres.

Yo no quiero
que tu mundo se dé la vuelta
cada vez que yo me marche,
                           quiero que darte la espalda
                                      solo signifique
                                                                                libertad 
                                      para
                                      tus
                                      instintos
                                      más
                                      primarios.

Yo no quiero
quitarte las penas y condenarte,
                        quiero ser la única
                                   de la que dependa
                                   tu tristeza
                                   porque esa sería
                                   la manera más egoísta y valiente
                                   de cuidar de ti.

Yo no quiero hacerte daño,
                        quiero llenar
                                   tu cuerpo de heridas
                                   para poder lamerte después,
                                   y que no te cures
                                   para que no te escueza.

Yo no quiero
dejar huella en tu vida,
                        quiero ser tu camino,
                                   quiero que te pierdas,
                                   que te salgas,
                                   que te rebeles,
                                   que vayas a contracorriente,
                                   que no me elijas,
                                   pero que siempre regreses a mí para encontrarte.
                                  
Yo no quiero prometerte,
                        quiero darte
                                   sin compromisos ni pactos,
                                   ponerte en la palma de la mano
                                   el deseo que caiga de tu boca
                                   sin espera,
                                   ser tu aquí y ahora.

Yo no quiero
que me eches de menos,
                        quiero que me pienses tanto
                                   que no sepas lo que es tenerme ausente.
                                                

Yo no quiero ser tuya
ni que tú seas mía,
                        quiero que pudiendo ser con cualquiera
                                   nos resulte más fácil ser con nosotras.

Yo no quiero
quitarte el frío,
                         quiero darte motivos para que cuando lo tengas
                                    pienses en mi cara    
                                    y se te llene el pelo de flores.

Yo no quiero
viernes por la noche,
                        quiero llenarte la semana entera de domingos
                                  y que pienses que todos los días
                                  son fiesta
                                  y están de oferta para ti.

Yo no quiero
tener que estar a tu lado
para no faltarte,
                         quiero que cuando creas que no tienes nada
                                    te dejes caer,
                                    y notes mis manos en tu espalda
                                    sujetando los precipicios que te acechen,
                                    y te pongas de pie sobre los míos
                                    para bailar de puntillas en el cementerio
                                    y reírnos juntas de la muerte.

Yo no quiero
que me necesites,
                          quiero que cuentes conmigo
                                     hasta el infinito
                                     y que el más allá
                                     una tu casa y la mía.
                                  
Yo no quiero
hacerte feliz,
                          quiero darte mis lágrimas
                                     cuando quieras llorar
                                     y hacerlo contigo,
                                     regalarte un espejo
                                     cuando pidas un motivo para sonreír,
                                     adelantarme al estallido de tus carcajadas
                                     cuando la risa invada tu pecho,
                                     invadirlo yo
                                     cuando la pena atore tus ojos.

Yo no quiero
que no me tengas miedo,
                          quiero amar a tus monstruos
                                     para conseguir que ninguno
                                     lleve mi nombre.
                                              
Yo no quiero
que sueñes conmigo,
                          quiero que me soples
                                     y me cumplas.


Yo no quiero hacerte el amor,
                           quiero deshacerte el desamor.


Yo no quiero ser recuerdo,
                           mi amor,
                                      quiero que me mires 
                                      y adivines el futuro.

                                                        
Elvira Sastre.



lunes, 16 de febrero de 2015

"Sin pasar de largo" Por Valeria Guerrero O.

He considerado varias veces, dejar al mundo seguir su propio flujo, uno donde yo no interrumpa ni me convenza de que puedo ser la heroína del cuento; un flujo donde la corriente me lleve a donde deba y quizás, solo quizás, conozca la felicidad de lo común, lo normal. Conocer la rutina, establecerme, compartir la vida con alguien con quien me sienta cómoda, envejecer y quizás dejar alguna herencia útil. Pero luego lo reconsidero pues siendo honesta, no quiero conocer una rutina, quiero hacer de mi vida toda una aventura; no quiero establecerme, quiero conocer todo lo que me sea posible; no quiero compartir la vida con quien me sienta cómoda, quiero disfrutar de la locura del amor en todas sus facetas; no quiero envejecer y dejar a alguien peleándose por las banalidades que deje en la tierra, quiero dejar un legado que convenza a quienes me rodean que el mundo puede ser tan diferente y bueno como queramos solo si nos esforzamos de verdad pues si cada uno de nosotros se convence que puede hacer la diferencia, lograremos hacer diferente el mundo, lograremos ser nuestros propios héroes.


Valeria Guerrero Osorio.